Toad’s eyes (Part VI)

A diffused cloud made the moon blink for nearly a second. Dianne dared to approach one metre more. Maybe she had imagined it. The pair of prince-toad eyes looked normal: Grey with a bit shadow of blue, and looked human, of course. Dianne exhaled one or two times and forced herself to recall the owner of these eyes. At least she had hated them in the past. Her maze of thoughts was interrupted.

The prince-toad wasn’t able to climb out of the fountain, being that it was too slippery.

Dianne saw herself helping the prince-toad. He looked so helpless, suddely, with all those lily pads surrounding him. The most disconcerting thing was that he seemed to be enjoying it. More than once he let himself fall again, soaking himself whilw he tried to pursue the fish.

Almost like a child, decided the princess Dianne. If she hadn been watching him in this moment, she probaly would have thoght that he was a disguised stranger of somebody who, in the past, had been heartless and narcissistic.

The royal upbringing ruled this time.

“Wait a second, your majesty, I’ll help you right away”

“Wait! Stay away! Dont touch the edge, it’s very…”

Too late.

Dianne came to surfface caghing and kicking, insomuch as she couldn’t reach the bottom because of her heavy skirts. The prince-toad laughed unavoidably.

Dianne had converted into the fairest river nymph ever seen. Her yellow dress was floating around her like a sparkly jellyfish. Her complicated hair bun had left her curly hair undone like the willow branches. Dianne blushin, tried to retort but she had to keep afloat to avoid sinking.

“All you allright?” asked the prince-toad.”

“I thought the water would be colder.”

The prince-toad suprised by Dianne’s answer. ´Clever comment`, he was to say, but instead he replied:

“The fountain rocks are black. , so the sun must have warmed the water for the day.”

The prince-toad will never know the  meaning of some extra seconds before taking the conversation another way.

“Now, how do we get out of here? Any ideas?”

“Let me see”

The prince-toad dived a few times before finding the solution.

“There is a brick projecting out of the wall. You could use it as a stepstool”

Dianne stayed quiet during a pair of seconds.

Wet Flowers“Come on!” assured the prince-toad. “It’s safe. I’ll help you climb out. The… ladies first, no?”

Dianne similed in face of prince-toad’s shame and put her bare feet in his hads. Both were beginig to be as wrinkled as chickpeas.

“Where are you shoes, princess?” asked the prince-toad when he had taken Dianne out of the water.

“They are in tragical shipwreak”

The prince-toad, then, saw them in the bottom of the foutain. The shoes’ sequins shone so much that they competed with the goldfish’s scales.

“Do you want to bring them back?”

“No. Just leave them. They are a lost coin. The lost coin mustn’t be recovered. It brings bad luck.”

“As you wish”.

Ónice

No eres tú. La que mira

Distintos ojos se asoman

en una cara distinta, adivina:

no recuerdo tus labios

así de ladinos, respirando,

sonriendo en esa curva

de lirios de río que suspiran

traviesos, fluidos como el agua.

La que antes insinuaba notas,

quien entre música se entretejía.

Yo creí ver que era un balanceo

respirando desde el río: olas

contra una cándida góndola.

Pero, astutas, me confundían:

Ahora una piel oscura

que no conozco se burla

al manto de la noche, brillan,

luces que no son mías ni tuyas,

de esta persona desconocida

de alma débil y mirada esquiva

que te perdió esa mañana,

cuando se atrevió la bruma

a alejarte de mi recuerdo

a dejar perder la sinuosidad

del misterio de tu cuerpo.

Dime a qué vino la temeridad

de seguir los indicios muertos

de unos pies que no son tuyos.

Por una carta mojada y perdida,

una letra que bien yo conocía:

fuiste tú la que me hizo enloquecer.

No eres tú. La que mira.

Tu rostro de cielo ni siquiera existía.

No son tus ojos los que me miran.

Pues allí estoy destinada a perecer. 

Reseña: La hija del rey araña

AUTORA: Chibundu Onuzo.

TÍTULO ORIGINAL: The Spider King’s Daughter.

EDITORIAL: Plataforma Neo.

Esta novela es la última novedad de esta editorial y me cautivó desde el primer momento: Por la portada, la edición y la sinopsis de verdad que no me gustan nada las novelas que te meten en situación con tres o cuatro frases clave y hala, lo que me pongan). Otra razón por la que me hice con esta novela es su situación. El escenario elegido es la Nigeria contemporánea y, nada más leerlo, caí en la cuenta que jamás había leído una historia situado en esas latitudes y menos aún en estos tiempos. Y me picó la curiosidad.

El asunto comienza así:

Tenemos a dos protagonistas y, entre los dos es difícil decir cuál es que lleva la voz cantante porque se reparten la historia casi en partes iguales.

Por un lado tenemos a Abikẹ Johnson (letra cursiva y elegante), la hija predilecta de un importante empresario Nigeriano. Vive en una mansión en Lagos, tiene a su disposición un chófer que le lleva a todas partes y prácticamente tiene la fortuna de su padre a su disposición; digamos que dinero no le falta.

Y en el otro extremo, completamente opuesto, tenemos a un vendedor de helados ambulante. Vive prácticamente en la pobreza (no es nada nuevo si tenemos en cuanta en ambiente que reina en los suburbios nigerianos como Mille 12, donde vive con su hermana pequeña, Joke y su madre, que es poco más que una personalidad errante de quien sus hijos se tienen que preocupar y cuidar.

Lo más curioso es que no se menciona nunca el nombre de este chico, cuya edad ronda los dieciocho años; apesar de que, si tuviéramos que elegir un personaje principal a la fuerza, éste sería él. A lo largo de la novela iremos descubriendo más cosas sobre su pasado y cómo llegó a su situación actual y esos sucesos se irán conectando lentamente con Abike, la ria chica misteriosa del jeep negro que, un día, para a comprarle un helado.

Básicamente, esta es una historia de amor pero se aleja de convencionalismos y esteriotipos (que estropearían por completo la delicada trama de esta novela) sin llegar a ser totalmente increíble. No estamos hablando de un flechazo, sino de una relación que nace de la curiosidad de un instante y una intuición que mueve a nuestra pareja a conocerse mejor y, encontrar también, puntos de inflexión (algunos enormes, por cierto).

Las dos personalidades están muy bien definidas y, quedándome con una en particular, elijo al de Abike, pues es la que más recobecos tiene. Al principio (desde la primera página) te impacta la perspectiva con la que enfoca la realidad; pero tranquilos que todo aquí debe tener una razón oculta tras el telón de capítulos y capítulos de desarrollo. A continuación, pasa de arrogante a mostrar una inteligencia brillante y más bien retorcida; hasta dejarnos atisbar un poquito de su humanidad (sus características no se tergiversaran totalmente con el amor, sólo le abre los ojos a la realidad que ella quiere).

Lo que me dejó un  poco confusa es el final. Lo veo un poco precipitado y extraño (final abierto a millas), aunque luego casi me gustó que no acabara como yo esperaba porque a todo el mundo le gustanb las sorpresas. Un  recurso que ha mejorado bastante el modo de ver de este desenlace ha sido el rápido cambio de puntos de vista narrativos. Si en el principio teníamos un capítulo para Abike otro para el vendedor ambulante (generalmente) a medida que toman contacto entre ellos sus puntos de vista se entremezclan en una red que no ha quedado del todo mal construida.

Teniendo en cuenta que estamos en presencia de un libro primerizo, no merece más que mi admiración. El ritmo es fluido,los personajes son palpables y creíbles, y la historia es inquietante y tan realista que en ocasiones resulta hasta desgarradora.

¿Qué más se puede pedir?

Nota media: 4/5

Curiosidades #4: El mito de la media naranja

En el principio de los tiempo, en la mitología griega, los hombres eran una entidad completa con dos cabezas, cuatro piernas y cuatro brazos y, lo más importante, dos mentes que se compenetraban por completo.

Era la Edad Dorada de la Humanidad.

Sin embargo; Zeus (el rey de los dioses) receloso y a la vez temeroso del poder que había otorgado a esas criaturas llamadas hombres los separó; condenando a cada mitad a pasarse el resto de su vida buscando a la mitad, que en su pasado, había completado su ser.

According to Greek mythology, humans were originally created with 4 arms, 4 legs, & a head with 2 faces. Fearing their power, Zeus split them into two separate parts, condemning them to spend their lives in search of their other halves.

iwastesomuchtime.com

Un rincón en Psnaris

I would love a basket like this

Era tradición: La llave del Palomar siempre pasaba de padres a hijos, al igual que el cuchillo de fiesta. Emme tenía seis años cuando descubrió que en las celebraciones del Solsticio las pequeñas almas con alas no tenían nada que celebrar. Vio que su sangre era igual a la que goteaba cuando se hacía un corte, o se pinchaba con la aguja de los remiendos.
Desde los seis años siempre quiso aprender a volar.

El palomar de Psnaris era un edificio hecho con ladrillos de adobe rojizo. Su estructura era confusa, como si se hubiera ido construyendo a impulsos. Unos ladrillos rosas y lozanos, en la parte que daba la espalda al nacimiento del sol. Otros cubiertos de musgos y agujereados por el tiempo, se descolorían ante la caricia de la luz en su punto más álgido.
Emme se dedicaba a tocar la armónica al caer el sol y las palomas simplemente escuchaban mientras picaban la cebada y el sésamo con el que las alimentaban.

La torre palomar de Psnaris, no era tal, pero todos la llamaban así porque en en las Once Hermas que dividían los caminos y el continente, había una en cada ciudad. Al ser un pueblecito de pastores de cabras y pescadores del salmón de primavera no había mucho correo que las veintisiete palomas pudieran transportar y, de hecho, el número medio de palomas por cada población no solía bajar de cincuenta. Psnaris ni siquiera tenía servicio de mensajería, según la Administración.
Aún así, Emme cuidaba de las aves con lenta parsimonia y cariño constante: Les cambiaba el agua de las copas, molía la harina con sus propias manos y hacía la miga después de mucho amasar para ponerla al fuego y, a continuación, volverla a desmenuzar. Limpiaba el enorme patio de alicatados de cuarzo con un enorme cepillo, agua caliente y sales de lejía. Todos los días. Antes y después de la puesta del sol. No había palomar más limpio en ninguna de las Once Hermas.

Llegaban los hombres importantes (abogados, médicos y políticos) con sus mensajes, todo acalorados, a la cima del Palomar. Emme anotaba el destino y cobraba:
Un Krilp por mensajería parda (una paloma vieja y veterana) dos por lo habitual, tres por enviar la Fi y Gi con el mensaje repetido (las palomas gemelas nunca se perdían, pero muchos no estaban dispuestos a poner misivas de vital importancia en garras de un par de tórtolas). Y cinco por enviar a la Blanca.
Entre las veintisiete, Rho era la más codiciada, a la que más quería Emme. Le limpiaba las alas, el pico y los ojos todos los días con un algodoncillo. Le limaba las uñas, acicalándole cada una de sus plumas níveas. Todos los días. Antes y después de la puesta del sol.
Era, con diferencia la más rápida y la más fiable. La que mejor se orientaba. Podía llegar al otro lado del Meandro de Esciros en menos de dos jornadas. Los ricos le confiaban sus anillos, joyas y talones.
Un día, sin razón alguna, Rho fue atacada por una bandada de cornejas furiosas. Nada quedó de la diligente paloma que Emme pudiera recuperar. Ni siquiera las alianzas.
Ese día, una boda no se pudo celebrar; porque un novio no es un novio sin anillo. Desde aquel día, no volvió a sonar el eco de música alegre desde la cima del monte Palomar. Una armónica desafinaba en notas discordantes y chirriantes.
La mitad de la bandada huyó. Tres murieron en encierro. El resto se concedió la liberad de seguir buscando miga por el patio alicatado hasta que su amo volviera. No lo haría.
El Palomar Psnaris se arruinó y Emme se mudó a la ciudad, donde nunca creyó volver a encontrar la felicidad. Ya no sabía tocar la armónica, sólo cantar como una paloma. Era un hombre excéntrico y solitario que llevaba toda su vida escuchando corazones tan pequeños como susurros en donde buscaba el significado del mundo.

Rings by Okomido

Estoy leyendo…

  • Los hijos de los días, de Eduardo Galeano.

  • La pastelería Bliss, de Katheryn Littlewood.

  • La hija del rey araña, de Chibundu Onuzo.

>> Una selección de los más variada.

Sé que me he dejado, si no me equivoco, unas cuatro reseñas en el tintero y todavía no sé si algún día las publicaré. Sólo decir que ninguna me ha dejado indiferente.

Waiting room

Thumbs which enter into battles
against the slowness of the seconds
with the fierceness of about ten thirds
little warriors from watchtowers
high as the white cliffs, which
I have climbed from your hads
brandish his blade, armed attack
of opalescent glass shields
pink under the blood heartbeat 
The same river that sings and pours
Red poppies in your cheeks.

Anteriores Entradas antiguas

lozgarrido | Filología, investigación y humanidades digitales

Recursos y opinión sobre lengua y tecnología

La linterna de Diógenes

Vituperación permanente con leves intervalos de cordura.

Distopía

En construcción

CULTURA DE MASAS

EL ENGAÑO PUEDE FUNCIONAR MIENTRAS LOS ENGAÑADOS NO SE SIENTAN COMO TALES (F. NIETZSCHE)

Pasos de tinta

Cultura, literatura y poesía personal.

Clausum

Pensamientos fugaces

libreporqueleo

Un rincón para ser libres por un instante.

Entonces se hizo la luz

Desde las entrañas de la tierra, muerdo

Carlos Loz | Corrector y redactor

Servicios de corrección de primeras pruebas, de estilo y redacción.

El rincón de Koreander

“Ante él tenía una habitación larga y estrecha, que se perdía al fondo en penumbra. En las paredes había estantes que llegaban hasta el techo, abarrotados de libros de todo tipo y tamaño”. La historia interminable, Michael Ende - BLOG DE LITERATURA FANTÁSTICA -