Toad’s eyes (Part VII)

Leaves & waterDianne remained seated on the edge while she soaked her feet in the dark water. The prince-toad saw a piece of paper, floating on the water’s surface. He tried to reach it, but the princess Dianne was faster than him. Because of this quick movement, the prince-toad almost ended up soaking again ehile Dianne recovered her balance with the poise of a ballerina.

“What was that?” asked curious the prince-toad.

The relaxed stance of princess Dianne disappered given this innocent question.

“Nothing of importance now” ansewered sahrply. Dianne began to rip the wet paper into pieces between her hands and threw them in the water. The goldfish approached, excited, but shortly, they moved away, disappointed. The wet conffeti seasoned with ink is not a tasteful dish for fish.

“It looked like a letter” guessed the prince-toad, staring at the snow of paper upon de water.

“Yes, certanly, it seemed a letter full out of foolishness”.

The prince-toad didn’t guess the reason for her repressed and angry tone, so he didn’t notice either that he was treading on thin ice.

“Maybe, Rowena could send your message in your place. She is very outspoken and seems trustworthy. If I had to send something to someone, she would be my personal courier for sure. Do you want me to ask her about it, the next time I see her? I don’t think that’s a big deal  for her.”

Princess Dianne’s annoyance instantly evaporated.

“Rowena?” asked with a new curiosity “Who is Rowena?”

Now it was up to prince-toad show his incredulous face.

“Do not you know her? If she has been being your lady of chamber during…” he didn’t know how long ago, si he corrected the sentence on the fly. “All this time!” (generically speaking).

Dianne continued to look lost.

“You know: Curly hair, short, a mature woman”.

The princess laughed a little, before that polite compliment.

“She is not my lady of camera, she is one more of the servants. Nothing more”.

“She takes care of us”.

“She only follows orders of the ones of abowe”.

The match was interrupted by a reconognizable voice.

“Speaking of the devil” comented sharply Dianne.

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Chispa

Sultil, elegante;,
viene y va como la marea
del calor y el sueño, amante.
Ella es mi pequeña pantera.

Pelaje de obsidiana,
ojos como la selva.
Risa de albor de mañana.
Dile a la gata, que vuelva.

Su porte es el de una dama.
Su paso grácil y silencioso.
Es tormenta tras la calma.
Es aire seguro y orgulloso.

Señora de la noche,
languidecen las estrellas
y no existe el reproche,
pues su presencia deja huella.

Estoy leyendo…

  • The body in the library, de Agatha Christie. 

Fue lectura obligatoria, pero ligera y fácil de leer. Lo mejor, como suele pasar en los libros de misterio, está al final. Jane Marple tendrá que averiguar qué hace el cuerpo de una joven rubia desconocida en la librería de del Coronel Arthur y su esposa Dolly. Nadie la conoce, nadie la ha visto nunca y por supuesto nadie sabe quién la ha estrangulado para luego depositar su cadáver en un lugar tan peculiar como ése.

  • La puntuación, de Lauren Maclaughlin.

Es un libro diferente a grandes rasgos. Lo escogí a lo loco y no me ha defraudado en absoluto. Me lo había imaginado desde una perspectiva bien distinta y casi me he alegrado al comprobar que estaba muy equivocada con esa primera impresión. En un ambiente futurista no muy fantástico dos personajes con muy poco en común, Imani Lemonde y Diego Landis, convertirán las páginas de esta novela en un debate constante, un juego de callejones sin salida y curvas cerradas que a más de uno le sorprenderá.

Quizá, los puntos más negativos sea su raro final (aunque me guste) y de vez en cuando un ritmo cómodo y lento que no nos llega a conectar de todo con nuestra inteligente protagonista ya que somos testigos principales de cómo ve que su vida y su futuro académico se desmorona por un pacto de amistad. Pues todo depende de la Puntuación y lo que hagas para conseguir el mayor número cada mes.

” Los ojos (…) eran esferas de un negro brillante de unos cinco centímetros de diámetro, que colgaban de las farolas y de los árboles como bolas de Navidad. No estaban ocultas, no era ésa la idea. Se suponía que debías saber dónde estaban y comportarte de acuerdo con ello”.

  • La canción secreta del mundo, de José Antonio Cotrina.

Le tenía muchas ganas y el principio ya promete. Directo, oscuro y flexible. No tardará en caer.

 

  • Las guerreras del mundo emergido, de  Licia Troisi.

Después de grandísimas reseñas, espero que esté a la altura de mis expectativas.

Voy subiendo de número, a ver si el otoño se muestra amable y me llevo un par de libros más. Hasta otra.

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