Litio, silicio y níquel.

 

¿Cuántos días? ¿Cuántas horas? Llegó un punto en que dejó de contarlas para sumergirse aún más en su trabajo, pero no podían haber pasado más de seis años ¿no? Sus inútiles esfuerzos por recordar solo ocupaban un infinitesimal espacio en su memoria, pero era la Memoria Tecnológica a la cual estaba destinado a servir su cerebro y no podía ser interrumpida ni por un segundo con estúpidos cálculos temporales que no tenían cabida en la Memoria. Había desistido hacía mucho tiempo de llevar un registro.

El resto estaban muertos, o al menos la mayoría; él era el último sobre la Tierra capaz de dejar constancia de los logros de la Pasada Humanidad, él era la Pasada Humanidad. Todos los avances que su especie había conquistado durante veinticuatro siglos estaban almacenados en su cabeza. Todas las máquinas. Teras y teras de información que circulaban cada día delante de sus lentillas de indexación y todo se convertía en índices dentro de otros índices, llenos de objetos incrustados, de bases de datos interminables: Letras, números, signos, fórmulas y mensajes encriptados.

Tenía toda clase información. Hasta en papel, los últimos folios de papel del mundo a no ser que, con un poco de suerte, sus predecesores dieran con su búnker, abrieran el archivo que custodiaría unos pálidos huesos, o quizá solo polvo y fueran al apartado 84, punto b de Maquinaria Industrial para el Tratamientos de Materias Primas Procedentes de Organismos Caducifolios (MITMPPOC): y fueran capaces de reproducir el proceso del Mitmpoc y construir una planta de tratamiento de celulosa gracias al Proceso Kraft. Y desde allí un enlace que les conduciría directamente al apartado de Ingeniería Genética (punto referido a la Totipotencia) para aprender a producir celulosa a base de agua, carbono e hidrógeno, en una sopa de macronutrientes.

En un principio la tarea había parecido fácil: A su disposición tenía suministros prácticamente inagotables de todo lo necesario para mantenerse vivo durante décadas y la más amplia memoria jamás creada insertada en su lóbulo temporal. Lo único que tenía que hacer era transcribirla; sin embargo en solo unos meses de trabajo se rindió ante la evidencia de que no era sencillo en absoluto. Tan solo el problema de la organización le llevó más de un año de desarrollo; tras miles de intentos, borradores y decepciones, encontró la forma perfecta y aún ni siquiera había empezado.

Las máquinas más simples, de Categoría 0: la rueda, la rampa, la polea, la palanca…, habían sido escritas en papel. Por ese tiempo aún comía, se bañaba, tomaba sus vitaminas, se exponía a el tiempo recomendado de luz solar – UV artificial, generada por electrodos – dormía. Ahora no había tiempo para nada de eso. Sentía como cada día su organismo se deterioraba cada vez más, a marchas forzadas. Ya no le quedaba tiempo, no había nada de tiempo. No iba a terminar y el último esquife del conocimiento humano moriría con él. Era débil, asquerosamente débil. Se pudriría allí abajo.

Pálido, desnutrido, ceniciento; había perdido todo el pelo y sus ojos parecían estar a punto de saltarse de las órbitas. No se movía de su silla, se había sondado: Unos enormes tanques de solución de electrolitos, vitaminas y otros nutrientes se inyectaban cada cierto tiempo directamente a sus arterias en forma de suero. De su nuca surgía un monstruoso aguijón de cableado, enquistado en su hipotálamo, mientras comenzaba a hundirse cada vez más en su carne: Desde ahí, la información fluía al ritmo de su corazón como sangre, que pasaba automáticamente al ordenador del cual dependían sus funciones vitales casi al 80%, e iba ganando terreno. Si cerraba los ojos, el simple movimiento de sus pupilas bastaba para organizar otro apartado y pasar al siguiente.

Estaba clasificando el procedimiento de montaje de máquinas para funcionar en cadenas de montaje, generando así más máquinas, más rápido y mejor. Dentro de nada llegaría al apartado de robótica y, para entonces, ya no querría seguir viviendo.

Se había aferrado a la vida como una garrapata, seguro de sus capacidades, apostando por su supervivencia. Hubiera dado toda su conciencia, su inteligencia y hasta sus mejores recuerdos para librarse de un destino tan cruel como aquel. Habría implorado de rodillas, habría soportado todo el dolor que hubiera tenido que suportar para que le arrancasen aquella araña metálica que amenazaba con aplastar su cerebro como una uva pasa. Lo habría dado todo; pero él mismo se hallaba difuminado entre la bruma de la pantalla, el pitido del terminal y el incansable respirar del ventilador.

 

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. eldercronn
    Jul 04, 2014 @ 21:50:01

    Qué buena! Me encanta tu forma de escribir.
    Saludos

    Responder

    • rossiink
      Jul 05, 2014 @ 08:22:01

      Gracias!
      Éste ha sido mi segundo intento en la ciencia-ficción. Supongo que mejor que el anterior…
      Nos vemos!

      Responder

      • eldercronn
        Jul 05, 2014 @ 09:30:08

        De nada! Mi temática antes era también la ciencia ficción y el terror. Esto de ahora es un experimento bajo el anonimato. Os agradecería que todo lo malo que tengáis que decirme con respecto a lo que escribo lo hagáis. Soy demasiado nuevo en wordpress y no se moverme aún. Un saludo!

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