Los números de 2014

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Estoy leyendo…

Aunque un poco tardío, allá vamos con las lecturas de estas últimas semanas.

  • El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín.
  • Don Juan Tenorio de José Zorrilla.
  • Tartufo de Molière.

  

 

  • Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán.
  • Madame Bovary de Gustave Flaubert (relectura).
  • La Comedia de la Olla y Anfitrión, de Plauto
  • Edipo Rey y Antígona, de Sófocles.

   

 

  • El sueño de una noche de verano y La fierecilla domada, de William Shakespeare.

Hace un tiempo tuve la oportunidad de leer la fierecilla, pero nunca viene mal una relectura, sobre todo si estamos hablando de Shakespeare, pero El sueño de una noche de verano me ha encandilado. Es una pena que mucha gente no se aventure también con las comedias shakesperianas. Lo que yo he sacado e claro, además del lío amoroso que surge de las travesuras del duende Robin entre Lisandro, Demetrio, Helena y Hermia; es que además de leerlo, a Shakespeare hay que ir a verlo. Oírlo, sentirlo. No me extraña que reusase a editar sus textos para leerleos directamente del papel.

  • Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

Nada más terminar la primera parte, supe que iba a ser una de las mejores novelas que me he leído este año, y si no me equivoco, así ha sido. Hace tiempo que
tenía ganas de leer todo lo que pudiera de Bradbury, porque veréis, leí algunos de sus (magistrales) cuentos y me quedé con ganas de más, El lago, sin ir más lejos. Y afortunada de mí, que el otro día mi sótano me regaló Fahrenhiet 451. Tengo, como en un universo aparte, una colección kilométrica de clásicos universales de preciosa encuadernación roja y lomos de buena calidad; que poco a poco voy subiendo, devorando, y colocando en un palco de honor entre mi estantería. ¿Y qué os puedo contar del argumento?

Gira en torno a Guy Montag, un bombero quemador de libros, es decir que solo se dedica a quemar los libros. Libros  que puedan perturbar la felicidad y quietud de una nueva sociedad en la que la gente vive prácticamente enchufada a sus televisores, se relaja conduciendo toda a la noche a más de 200 km/h y una intoxicación puede arreglarse fácilmente con una transfusión, o mejor dicho, sustitución total de sangre. Pues curiosamente, las casa son totalmente ignífugas, un ejemplo más de lo fácil que es caer en la tergiversación de términos. Hasta que un día, Montag salva por un impulso unos libro de las llamas y descubra cuánto poder puede otorgar a un hombre unas líneas, unos versos… Porque era estupendo quemar, hasta entonces. No quiero destripar nada, y dado que la novela es más bien corta, así que os la dejo a vuestro juicio y yo me quedo con un Clarisse McClellan como personaje preferido, la perfecta loca cuerda.

En serio, leeros este libro. Dos veces si hace falta. Es genial.

ffsv

  • La música del silencio de Patrick Rothfuss.

Como los últimos descubrimientos, siempre son los mejores, aquí va un libro de lo más curiosos. Lo vi en la expocómic, y aunque me dije a mí misma que esperaría pacientemente a que saliera en edición de bolsillo, no lo pude evitar y ahí está, resaltando entre sus dos tomos hermanos, más pequeños.

Todos estamos esperando con impaciencia el tercer libro que cierra la Crónica del Asesino de Reyes y quizá por eso el autor se ha visto obligado a escribir un prólogo de advertencia antes y una epílogo sino de disculpa de explicación. Es un libro raro. Pero su protagonista, al fin y al cabo es Auri y el pequeño universo que Rothfuss creó para ella ya en el Nombre del Viento, la Subrealidad; y no podía saber de otra manera.

Este libro No es una continuación de la historia de Kvothe y es normal que muchos esperaran obtener alguna pista de la ansiada continuación entre sus apenas cien páginas. Aunque yo sí que he vislumbrado esbozos de información para completar ese puzzle incompleto con el que nos dejó en El temor de un Hombre Sabio, decidí, al poco tiempo que dejase las especulaciones y me limitase a disfrutar de cómo estaba escrito, porque rompe con todas las estructuras tradicionales de lo que se suele clasificar como historia. Para que os hagáis una idea, nos sumerge de lleno en la rutina de Auri, complaciendo a los objetos que habitan, como ella, la Subrrealidad. A veces son demasiado tímidos, o vanidosos, o no les gusta estar contra la pared y se sienten solos si no están junto al frasco de frutos de laurel. Bajo ese corte, conocemos mejor la laberíntica estructura de la Subrelidad (yo me he propuesto hacer un mapa y todo) y cómo decide Auri que regalo es el adecuado para él, cuando llegara al séptimo día.

El caso es que ha sido un día de descubrimientos. Y, personalmente, no me arrepiento de haberle dado una oportunidad. Hay que tener en cuanta que éste era un cuento destinado para una antología conjunta que se alargó demasiado, así que algunos fragmentos casi rozan la escritura libre (posteriormente corregida a conciencia, eso sí). Si hay que sacar un punto negativo es el precio. Sé que es una edición de lujo, con tapa dura, papel grueso e ilustraciones (a una sola cara), pero estaba claro que iban a sacar partido que todos los lectores nos íbamos a abalanzar a por esta pequeña y singular historia esperando algo que evidentemente no está, descubriendo en su defecto algo muy diferente y precioso.

 

  • Orgullo y prejuicio, de Jane Austen.

Qué decir de éste título que no sepáis ya. Lo tenía pendiente desde hace bastante tiempo y ahora me pregunto por qué no lo he empezado antes. A decir verdad, las danzas sociales en la sociedad inglesa del siglo XVIII-XIX siempre atrapan mi atención. Es un placer leer una una historia de expresión tan refinada tan rápido, Las ya las conocidas cuatro hermanas de Elizabeth Bennet y, claro está, el señor Darcy. En fin, es uno de esos libros que grita ¡cómprame, cómprame! y aunque yo podría haber aprovechado y tener la edición de Alba minus, no pudo ser; pero como vale muchísimo la pena, que más da la portada.

  • El hobbit, de J.R R. Tolkien.

Y llegó la hora del Hobbit. Como el anterior, tampoco me preocupé mucho de la versión porque pretendía llevarlo de acá para allá, como novela que hace tiempo que debería de haber leído y no lo hice (edición ilustrada de Minotauro, la quería…). Y al final acabé haciendo un trabajo sobre ella. En cierto modo, me recuerda a la narrativa de C.S Lewis (¿Por qué será?) y encontrarse con que su influencia llega a todos los libros de fantasía mínimamente cercanos, solo puede significar una cosa. También me propuse aguantar sin ver las películas hasta que 1) Se acabase la saga y 2) Me leyera el libro. Lo que significa ¡maratón de El Hobbit!

  • Tiras Cómicas de Flannery O’Connor.

Y por último pero no por ello menos importante, este peculiar cómic que me llegó, hace mucho tiempo, de cortesía de Nørdica Ediciones. Bauticé a su mascota de Nørdica Cómics y me pasé por su puesto en la Expocómic. La verdad es que le tengo un cariño especial a su editorial, con sus ediciones de lujo y su empeño de rescatar obras poco conocidas de los autores más renombrados. Éste, en especial es el primer título en el cómic y son tiras cómicas. No hay que dejarse engañar por la simplicidad de sus dibujos pues hay que tener en cuenta que son linograbados y acarrean más trabajo del que aparenta a simple vista, es decir que coronando sus ácidas reflexiones, las formas de sus personajes (incluso la propia Flannery, ataviada con un pañuelo junto a una amiga) respetan las proporciones, las líneas del dibujo. La verdad es que su tono y técnica como viñetista me ha llamado mucho la atención así como su insana obsesión con las aves. Lo que si hay que decir es que con esta prolífica autora he empezado por el tejado, aún sin penas conocer ni sus novelas, ni relatos… Tan común en mí…

<<Me pregunto si hubiera servido de algo estudiar al principio del trimestre>>

Gracias a la editorial por el ejemplar (#Gøgrecomienda

Y hasta aquí, las reseñas de final de año, y ya está dicho todo.

 

Sigue las bayas rojas

Aléjate de
la segunda noche,
sus telarañas
sus tejados y
de sus incendios.
No te acerques.

Se comieron
sus luceros
y se hicieron
más oscuros.

Sigue, ciego
las voraces hiedras,
las sanguinas zarzas,
los cristales rotos.

El río enfadado
se traga caminos
y caminantes.

Deshoja por mí
flores de luto,
quiere que sea
la balsa trueno
y el cristal cieno.

Se quedará
contigo, vi que
acariciaba
tus cicatrices
y las besaba.
Quemó tus flores
de pana y allí donde
se oía el clamor
de las aguas
gritaba:

Tú, atrapado
deseando
desearte
en el agua negra.

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