Estoy leyendo…

He aquí medio año de variadas lecturas. Allá vamos.

  • La peregrinación del chico sin color, de Haruki MurakamiMe dejó francamente encantada, incluso más que Kafka en la orilla. Los personajes son símbolos. La trama es tan armónica y extraña como solo Murakami sabe tejerlas.

  • Juego de tronos: Canción de Hielo y Fuego (1), de George R. R. Martin: Tras el tirón de la serie…

  • American Gods, de Neil Gaiman: No hace falta recordar lo mucho que disfruto leyendo a este autor. Éste es un título que recomiendo encarecidamente. Sombra se ha convertido en uno de mis personajes principales preferidos en la ficción, caminando siempre circunspecto entre dioses ancestrales. Está plagado de detalles: relatos de presidiarios, trucos de monedas, clásicas estafas, viajes de carretera, turismo a pequeña escala, arriesgadas apuestas, jóvenes trotamundos, dulces de cafetería, simpáticos policías, sueños premonitorios, antiguas leyendas y empresas heroicas.

  • El juego de Ender, de Orson Scott Card.
  • La voz de los muertos, de Orson Scott Card.
  • Ender el xenocida, , de Orson Scott Card.

  

Pienso que esta serie es perfecta para empezar en el género de ficción, si uno no es demasiado aficionado, y para continuar con ella si esto es lo tuyo. Es original en todos los sentidos y la lectura ya te habrá enganchado para cuando leas por primera vez Ender, es un personaje que en más de una ocasión te deja con el corazón en un puño. Si habéis visto la película y os gustó, no podéis dejar de leerla y, si no, darle la oportunidad de crearos una segunda impresión. La segunda parte me recordó en parte a la novel de U. K. Leguin, El nombre del mundo es bosque que leí y reseñé en su día, dejándome un muy buen sabor de boca. Quizá la tercera parte es un poco más pesada, recoge aquello que dejamos, más o menos por concluido en el segundo y mezcla trabajo de campo y laboratorio de los (xeno)biólogos, viajes relativistas, religión e historia, inteligencia artificial (Jane, te adoro de veras), drama familiar y de nuevo, el contacto inter-especies, sean insectores o cerdis que, al fin y al cabo, es el quid de la saga de Ender y que, aunque la haya dejado en el tercero de momento, no descarto retormarla o, al menos, es seguro que Scott Card vuelva a a aparecer por aquí.

  • Cerdos, vacas, guerras y brujas: Los enigmas de la cultura, de Marvin Harris.

En efecto, me voy a sumar al coro de voces que conocen esta obra y os la recomendarán que la leáis sino os obligan antes. No es literatura de la que yo suelo frecuentar, pero me ha sorprendido gratamente. Es un golpe inteligente e ingenioso hacia la incomprensión hacia culturas totalmente diferentes; viene a decir que los rituales, tabús, creencias o posturas ante la realidad de los distintos pueblos encuentran su explicación no solo a nivel histórico sino también enlazan fuertemente con el entorno y el clima propio; ofrecen soluciones a problemas y refuerzan el tejido social. Mantiene vivo el interés y nos hace, como mínimo, un poco más cultos.

  • Mujeres encontradas, de Fernando Beltrán: Una original mezcla entre poesía y estímulo visual que no deja indiferente. En marzo, se representará una adaptación de texto por Ascensión Rodríguez en el teatro Conde Duque.

  • Cuentos de Antón ChéjovLa sala número 6 La dama del perrito.
  • Bomarzo, de Manuel Mujica Lainez: Por recomendación encarecida.
  • La abadía de Northanger, de Jane Austen.
  •     
  • Porno, de Irvine Welsh: Después de Trainspotting, Sick Boy.

  • Última, de Jay Kristoff: Cerramos desde Navidades el último capítulo de esta saga fantástica con plumas, humo, katanas y muchos problemas. Un gran cierre.
  • El curioso mundo de Calpurnia Tate, de Jacqueline Kelly: Por fin la continuación de esta novela tan tierna. Una joya gemela, aunque la novedad y frescura del primero no se la quita nadie.

 

 

  • Poesía del Siglo de Oro, Edición de Elías L. Rivers.
  • Hamlet, de William Shakespeare: Por supuesto.
  • Hamlet o Hécuba: La irrupción del tiempo en el drama, de Carl Schmitt.

  

 

  • Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes (La gitanilla, El casamiento engañoso y El coloquio de los perros).

 

  • El enfermo imaginario, de Molière.
  • El castigo sin venganza, de Lope de Vega.
  • Don Carlos infante de España, de F. Schiller.    

     

  • Cándido, de Voltaire.
  • El tratado de la tolerancia, de Voltaire.

    

  • Pepita Jiménez, de Juan Valera: Leédla.
  • La de Bringas, de Benito Pérez Galdós.

     

 

  • Las Ranas, de Aristófanes.
  • Geografía, de Estrabón (Libro III): Sobre Hispania y sus bárbaros.
  • Introducción a los clásicos, de Beard y Henderson.

         

 

  • Prehistoria: El largo camino de la humanidad, de Víctor M. Fernández Martínez.
  • Historia Antigua del Próximo Oriente: Mesopotamia y Egipto,  de Joaquín Sanmartín y José Miguel Serrano.
  • Breve historia de Roma y Grecia, de Pedro Barceló.
  • El mundo de la Antigüedad Tardía. De Marco Aurelio a Mahoma, de John Brown.

   

 

  • El secreto y la sociedad secreta, de G. Simmel.
  • Dialéctica de la ilustración, de Max Horkheimer y Theodor Adorno.

  

 

 

  • El regreso de Batman, de Frank Miller.
  • Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons.

 

He disfrutado muchísimo de ambos tomos. Quizá Miller nos ofrece una trama aún más intrigante, lo cual no quiere decir que Watchmen no sea lea de un tirón. En Batman, la estética y el dibujo es inmejorable (a mí me sorprendió gratamente el personaje de Robin), solo tenéis que hacer una pequeña búsqueda para comprobarlo, y los diálogos son, como poco, trepidantes. En cuanto al enorme trabajo de Moore y Gibbons, si ya habéis visto la película, no os preocupéis porque el argumento cambia sensiblemente y, como es razonable, entre las páginas de la novela gráfica encontraréis multitud de detalles que os ayudaran a seguir la historia con muchísima más profundidad y a disfrutarla el doble.

Hasta aquí este cupo de lecturas, ¡Hasta la próxima!

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La cuarta impresión.

– Cuidado, que viene un escalón.
Me dejo guiar por su voz mientras no puedo evitar sonreír. Casi prefiero no saber a dónde me lleva. Es increíble cómo pueden llegar a cambiar las tornas. Efectivamente, un par de metros más allá, el suelo baja bruscamente en un cortado irregular. El pavimento cambia y mis zapatillas resbalan sobre los cantos lisos y mojados. Mis me agarra firmemente por la cintura y el codo, aunque al trastabillar no me habría caído. Se entretiene y se me escapa una risa seca.
Oigo el tintinear de una llave, quizá la que llevaba colgada al cuello, y el forcejeo con una puerta que queda a mi izquierda. Desliza sus dedos fríos hasta mi mano.
– Las damas primero. ¿No estarás mirando?
– Que no. Mis ojos están…
– ¿Es ella?
Una voz nueva llega a mis oídos con un ligera reverberación. Es aguda, casi como la de un niño. Se me ocurre que puede ser el hermano pequeño de Mik.
– Sí. Ya puedes abrirlos, Clarie.
No sé qué estaría pensando, pero desde luego no en aquello.
Un pequeño hangar bien iluminado se extiende ante mis ojos, aunque la lógica me dice que no encaja para nada en esa parte de la ciudad. Y está lleno de maniquíes de todos las formas y colores. La mayoría están vestidos. Parece un galería de arte moderno. Mientras unos extienden sus articulaciones hacia arriba, como si estuvieran saludando, otros aparecen sentados, casi reflexivos o directamente tirados sin cuidados por el suelo. También hay algunos muebles viejos, pero no demasiados.
Parpadeo varias veces, acostumbrándome al cambio de luz, sin saber qué decir.
– No es lo que esperabas ¿verdad?
El dueño de aquella voz tan curiosamente infantil aparece entre una montaña de revistas viejas apiladas en una lancha de color naranja salvavidas.
Es un chico delgado y rubio cenizo. Da un pequeño salto y se acerca a mí como si se sintiera más cómodo entre desconocidos. Me da dos besos y yo le digo hola.
– Éste es Bosco. Está a la cabeza del negocio.
– No me gusta llamarlo negocio, en realidad – dice él, rascándose la nuca.
El gesto le suma tres años más. Mira al suelo y luego a mí, me sonríe sin dientes. – No hablas mucho –.
Es la primera vez en mi vida que esa apreciación no me molesta. Es la verdad. Avanzo un poco. Al rozar sin querer uno de los maniquíes y oigo un débil tintineo. Es de plástico negro, muy delgado y con el cuello sorprendentemente largo. Lleva un chaquetón viejo, también negro. En su bolsillo descansan un racimo de cascabeles plateados.
– Supongo que podemos empezar con los anillos – dice Bosco mientras se sacude las palmas de las manos. Es un simple gesto. Sus dedos están limpios.
– Yo tengo que irme, pero te aseguro que te va a sorprender – Mik me besa, dejándome algo desconcertada – Nos vemos más tarde.
Bosco me lleva al otro extremo de la habitación.
– Sí, empezaremos por ahí. Los anillos son interesantes.
Tiene una sonrisa perfecta y en seguida comprendo por qué no me había dado la mano al entrar.

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