En noches como esta

En noches como esta disfruto de este cielo púrpura,

porque suspira frío y llueve con claves, crótalos

y cientos de hojas.

 

En noches como esta pienso en acariciarte

con tanto detenimiento que casi parece

que me robas el tacto familiar

de mis sábanas viejas y recién lavadas.

 

Son en esas noches, en esta noche,

cuando mi mano izquierda se aventuraría

a los últimos cabellos de tu nuca  de arena y,

casi como un soplido, a bajar por tu espalda

y a llegar a la cadera, al muslo, a la rodilla;

solo para ver qué opina tu piel al respecto.

 

En esas noches, en las que siempre duermo

sobre el costado derecho, esa mano

retomaría su camino una y otra vez

hasta no poder soportar el no ser hiedra

cuando conoce tan bien el camino

de esos mapas, iguales, siempre cambiantes.

 

Mi mano derecha disfruta del calor de tu rostro

y del cadencioso oleaje de tu pecho.

Cerca de los lunares gemelos se dibuja una palabra nueva

y las manos no pueden soportarlo.

 

Pues es precisamente ella, la inocente que lo empezó todo,

quien me enseña la mejor sonrisa para respirarte,

en noches como esta.

#poemasdeamor

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Descripción de un sainete en dos actos

En un primer acto de horizonte negro

hay una casa de papel y una caja de sábanas.

Unas sombras chinescas zozobran en su juego

cuando todos los trastos caen por las escaleras,

en lugar de apagar sus velas, llamar a sus viudos

los grajos y hacer cantar al teléfono de sus estragos de claves.

 

Así en un segundo, silba la tetera de sus hierbas amargas

y hierven las líneas en la noche apagada.

Así se leva el telón  mojado del teatro de papel blanco,

                                              de ese del que os hablaba]

 

y salen ya los actores de este melancólico sainete

por no regresar a la cama que no duerme

y se llevan un dedo a los labios lentamente,

así mis charcos castaños se queman

y hacen callar por fin al fuego que baila en la mesa,

ese que cierra el aplauso por la quemada casa de los lagos.

Aún hacía frío para las gramíneas

Imagina que estás en un autobús

(evita pensar en uno americano).

Demasiado cine, poca tarta de lo real.

Imagina que casi no hay gente,

porque los asientos tampoco están vacíos,

porque la música suena solo en tus oídos;

pero tiene voces y olores que son de otros.

 

Al fin y al cabo, estás en un autobús.

El paisaje verde, la luz justo como aquella vez.

El aire es solo velocidad.

Es una ventana que dejaron abierta.

No estás aquí. Cántalo.

Te gusta estar aquí.

(Es la) sal de aquí.

No respires. Cántalo.

Imagina árboles y camino.

Espacios vacíos.

En el aire sin humo,

busca balas de arena,

calas desiertas.

Búscate (una).

Sal de aquí.

 

Me quedaría a vivir allí,

un excelente ático con vistas al mar.

Literas de piel y perfume de flores,

se reflejan en el tornasol de la ventana:

Un lugar perfecto para no mirar

las olas, las lunas.

Solo las campanas

en macizos de gramíneas,

en un tren de voces.

No lo escribas. Cántalo.

Cola de pez

Quién

no ha sido

alguna vez

ente extraño,

pelo en la sopa,

silencio en el ruido,

vara de estaño,

cola de pez.

Quien no lo ha sido.

No lo ha querido ser.

San Cristóbal

De niña conocí a un niño.

De niñas nos enseñan a examinarnos.

Él se traía, con la medalla de oro,

vírgenes (señoras) de pupitre.

Lourdes y Mª del Carmen.

 

El profesor, guardián, guía, pastor;

un cura viejo adicto al tabaco,

entonces les levantaba

a sus vírgenes, protectoras, madres,

sus vestidos fabricados en China

con mucho y recatado descaro.

 

No fueran por casualidad a cumplirse

las plegarias de un niño y el rezo

le proporcionara alguna respuesta.

Yo no podía hacer más que temer,

que sin medallas de plata al cuello,

no  fueran por casualidad a cumplirse.

 

A S. V. Amado

Pues llévame como una amante,

una amante de viejos lugares

y a ratos, a dos pasos del río.

 

Llévame como una amante

y te enseñaré adónde no van

los patos en invierno.

Solo como una amante,

buscaremos esos lugares de encuentro

donde todo el mundo habla.

 

Dibujaremos el lago Victoria.

Encontremos las fuentes del Nilo,

como amante

o como una aviesa ánade migrante,

caminemos a esos lugares de reencuentro

de los que todo el mundo habla.

 

Llévame como una amante

a los rincones donde comienzan

esos puentes llamados de los amantes

y hablemos solo del tiempo.

Mira y Vero

Si desgrano la tarde

y no puedo entrar

¿cómo podré mirarte?

No dejo de preguntarme.

No puedo pasar,

y si ambas desgranamos

esta misma tarde,

que es un elogio

al simple mirar,

¿cómo podré verte?

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