Timorato II

Podría quemar flores rojas en tus mejillas,

las anémonas de la calle ancha de la ciudad.

Como ellas, te encoges de noche por las puntadas

de las cortinas blancas y demás luces.

Luces de un rostro que ni sonríen ni visten

ropas de algodón quieto los días de fiesta,

pues bailan escondidas en lugares altos.

La marcha sigue temblando hasta las puertas

de una iglesia abandonada donde dejan sus velas,

donde corre el llanto del río blanco,

donde se abrazan el eneldo y la encina

y son fresca sombra de nuestros secretos.

Doubla”

Se dobla como alambre sobre la alfombra,
a la luz de ventanas de óleo amarillo.

Se contonea y gruñe al verte, Ojos de cordero,
y parodia los raíles de paisajes lejanos
e ideas grandes de hogares pequeños:
En ellos, viveros en cofres y música suave
descansan en la quietud del desayuno.

A la luz de las doce, se estiran las malvas de humo
y resopla el verde vivo de las gilcinias.
Se arquea como alambre al color del sol,
Ojos de miedo, en una danza de bienvenida.

Preludio verde

El calor desea salir

de debajo de los adoquines

y peinar sus cabellos,

pelirrojos de violetas,

para alcanzar el aire

con sus caprichosos dedos.

 

Cortar las flores de ozono

con tormentas repentinas

y las carreras a casa,

para comerse las hogueras

a besos, índigo profundo,

en la noche de las Perseidas.

 

El calor desea despertarte

abrazado a las sábanas,

recorrer con ríos tus sienes

y, de espaldas a la pared,

(de cara a las ventanas)

saltar al torrente del alba.

 

/Travesía de la Brisa/

Podría estar recorriendo

el día así siempre

con trazos pequeños

de pintura de nubes.

 

Tengo tanto sabor de niebla

bajo la lengua y en las líneas

de las manos, como rocío

en las plantas de los pies.

 

En los oídos los bostezos de los coches.

Los nidos en flor de los mirlos,

las miradas de los gatos…

 

Sería tan sencillo saludar

a esa hojarasca borrosa

que vemos en el final

de su fuego blanco nieve:

 

Cuando respira el invierno,

siempre sonríen dormidas

las perspectivas de amar.

Rotas con ritmo

El zángano (el caos) y la miel (el ritmo),

siguen senderos de hierba en respuesta

de otro Rojo y Negro totalmente distinto:

Recorremos blancos caminos de cal

y fundimos bronce sobre la piel,

sube entonces la luz en vertical:

Algún día encontraré el camino de vuelta,

guiada por los ciegos violines del instinto.

Manual del escalador de hiedras

Es como… trepar,

escalar una hiedra en horizontal,

encontrar sus nudos con uñas y dientes

bajo lluvia tropical.

Y si subes hacia abajo,

sientes ventanas y sótanos

y una pared verde cálido

bajo la piel de los pámpanos,

que son como… unos

muy pacientes ladrillos

en maravillosa ascensión

con el roce de los dedos.

Y si miras hacia abajo,

verás el ángulo más

familiar, anodino y enfadado 

de la habitación junto a

la sombra de un astro niño

que saluda.

Arrecife de chimeneas

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En arrecifes de tejados pasean los aviones,

allí escuchan silencios de estelas fijas y cian impávido.

Te he visto en las primeras horas de sus estaciones,

duermes con la lluvia y la aurora en sus aeropuertos.

Y te visitan los peces alados,

te cantan gaviotas y petirrojos;

te olvidan los vencejos y los ciruelos

como olvidan su llanto en invierno.

En arrecifes de agujas de agua

mezclas barajas de tejas y aire

mientras lo arrullas y tarareas.

En el mosaico de chimeneas,

saboreas los secretos en los balcones

y respiras las canciones del café.

@rosselmtree

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