Doubla”

Se dobla como alambre sobre la alfombra,
a la luz de ventanas de óleo amarillo.

Se contonea y gruñe al verte, Ojos de cordero,
y parodia los raíles de paisajes lejanos
e ideas grandes de hogares pequeños:
En ellos, viveros en cofres y música suave
descansan en la quietud del desayuno.

A la luz de las doce, se estiran las malvas de humo
y resopla el verde vivo de las gilcinias.
Se arquea como alambre al color del sol,
Ojos de miedo, en una danza de bienvenida.

Preludio verde

El calor desea salir

de debajo de los adoquines

y peinar sus cabellos,

pelirrojos de violetas,

para alcanzar el aire

con sus caprichosos dedos.

 

Cortar las flores de ozono

con tormentas repentinas

y las carreras a casa,

para comerse las hogueras

a besos, índigo profundo,

en la noche de las Perseidas.

 

El calor desea despertarte

abrazado a las sábanas,

recorrer con ríos tus sienes

y, de espaldas a la pared,

(de cara a las ventanas)

saltar al torrente del alba.

 

La triste lubina

Triste destino el de la lubina
de artificial piscifactoría.
Que me espera de espaldas
a sus sueños de sal marina.
Olas que nunca fueron amadas,
espinas que nunca fueron espinas.
Triste es destino el de la lubina.
Que desde la muerte viene y nada
en uvas y saladas espigas.

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“Ante él tenía una habitación larga y estrecha, que se perdía al fondo en penumbra. En las paredes había estantes que llegaban hasta el techo, abarrotados de libros de todo tipo y tamaño”. La historia interminable, Michael Ende - BLOG DE LITERATURA FANTÁSTICA -